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Mensaje de bienvenida del rector para el año escolar 2021

Un gran abrazo para cada una y cada uno de ustedes. Es una profunda y significativa alegría y esperanza encontrarnos, reencontrarnos. Espero que, en estos dos meses de descanso y vacaciones, para una gran mayoría de ustedes, haya sido ocasión propicia para cultivar los afectos, la gratuidad, la familia; tiempo propicio para el desarrollo de proyectos, pasatiempos, hobbies… Espero que haya sido tiempo para reparar fuerzas en el cuerpo y en el espíritu.

En tiempos de incertidumbre, como los que juntos hemos y estamos experimentando, en los cuales nos sentimos más vulnerables e indefensos, recurrimos muchas veces a lo esencial, a las raíces en las cuales nos sostenemos y, a la vez, nos nutrimos.

Enfrentados a la muerte, a la enfermedad o al sufrimiento, nos preguntamos por el sentido de la vida. Y para tener respuesta y certidumbre abrazamos nuestros amores esenciales, los de ayer y los que nos sostienen hoy. Amores que son principalmente personas y comunidades, pero también convicciones, ideas, valores que se han traducido en decisiones y formas de construir la propia existencia junto a otros.

Enfrentamos un año increíblemente desafiante. La pandemia y todas sus consecuencias nos demandan lo mejor de nosotros en claves de autocuidado y cuidado de otros, de bien común, de esfuerzos que nos debieran hermanar, unir, provocar acciones concertadas, porque compartimos propósitos comunes.

Desafiados a nivel país: Para elaborar colaborativamente una nueva constitución, cuidar de todos y todas para superar las consecuencias de la pandemia, elegir diversas autoridades: gobernadores, alcaldes, concejales, presidente/a… Enfrentar de manera humanitaria a inmigrantes y refugiados, buscar soluciones democráticas y participativas que den paz para la convivencia en la Araucanía, reactivar la economía y la participación.

Desafiados a nivel de colegio, pues el primer y más urgente desafío, hoy y mañana, son nuestros y nuestras estudiantes. Queremos acogerlos, recibirlos, contenerlos, exigirles creativamente para que el proceso de aprendizaje sea significativo, integral y de excelencia.

Pedagógicamente transitaremos entre lo virtual y lo presencial. La experiencia adquirida el año pasado nos ayudará a generar las condiciones de enseñanza que sean más eficaces para el aprendizaje.

Para garantizar mejor el proceso formativo, estamos gestionando las condiciones para la implementación de la modalidad híbrida o mixta. El viernes 12 todas las salas de clases debieran contar con cámaras para que, presencialmente se desarrollen las clases y, simultáneamente, los estudiantes que están en casa participen de ella. Tendremos tiempo para capacitarnos y generar condiciones de aprendizaje que no solo respondan a lo contingente, sino que se proyecten en nuevas formas de aprender.

Igualmente, como lo hemos subrayado en otras ocasiones, el trabajo pedagógico debe garantizar aprendizajes integrales de calidad, velando por cada uno de nuestros/as estudiantes de tal forma que ninguno quede excluido, invisibilizado, postergado…

De esta forma, nuestro modo de proceder que se desprende de la misión, nos exige preocupación y cuidado personal, así como lo haría Cristo en mi lugar si trabajara como profesor o profesora, co-docente, auxiliar, psicólogo, inspector, orientador, administrativo, pastoralista o sacerdote, directora o subdirectora de ciclo, vicerrectora… Dios quiera que el  trabajo cotidiano, el estudio serio y sostenido, la manera cómo convivimos, el modo cómo nos organizamos y  participamos, las formas cómo enfrentamos y resolvemos los problemas, sean nuestra respuesta a lo que hoy nuestro Chile y nuestra Iglesia necesitan. Respuesta a lo que Dios nos urge a través de ellas.  Entonces, que nuestro modo diario de actuar y proceder sean expresión de esa justicia, solidaridad, dignidad y fraternidad que deseamos para todos.

Igualmente, como colegio estamos económicamente muy desafiados este año. La pandemia golpeó muy fuerte a un número significativo de familias y, aunque nos esforzamos juntos en apoyarlas solidariamente, hoy contamos con casi 250 estudiantes menos que el año 2020, lo que es una baja muy significativa. Así, este año 2021, en términos económicos, nos demandará una gestión austera y prudente.

Quiero agradecer, en este sentido, todo el esfuerzo y comprensión de parte de nuestro Sindicato respecto de la situación financiera que a todos nos afecta y la disposición a que todos juntos aportemos a la sostenibilidad de nuestro proyecto en un año bastante crítico.

Agradezco sinceramente todo lo significó la negociación colectiva y los esfuerzos por acercarnos lo más posible a las expectativas de nuestros trabajadores(as). Lo que ha primado es el bien mayor en un momento complejo, social y económico.

Tendremos ocasión en las próximas semanas de dialogar en torno a nuestra situación financiera con más detalles y conocerla para una mayor comprensión de todos.

Desafiados como comunidad de Iglesia para reconstruirnos desde el corazón del Evangelio, desde lo más genuino del modo de amar de Jesucristo. Nosotros somos llamados a ser comunidad, a vivir pedagógicamente con un Espíritu que se encarne en modos de tratarnos y organizarnos, en los criterios para priorizar aprendizajes, para acompañar, para levantar experiencias que desarrollen personas competentes para servir.

Enfrentados a un nuevo año de trabajo, en el contexto de la pandemia, volvemos entonces la mirada o lo fundamental de la nuestra MISIÓN COMÚN, aquella que nos da sentido y orientación, por una parte, y que nos hermana en la colaboración, por otra. Esta consideración vital por la misión común, en definitiva, da certidumbre y seguridad. Por esta misión estamos aquí y en ella, están las personas por las cuales nos “jugamos la vida”; por eso y esos me dispongo a trabajar, a salir de mi casa…

Una misión común: la de Jesucristo implementada en clave pedagógica: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Ofrecemos una formación integral de calidad; una formación que permita a los niños, niñas y jóvenes desarrollarse integralmente; formamos para que sus capacidades y habilidades de conocimiento y comprensión, se extiendan y nutran las opciones esenciales de amar y servir en todo. Una formación integral que se sostiene en una comunidad construida con los criterios del Evangelio.

Entonces, desde lo particular de cada uno/a y de la tarea encomendada de acuerdo a su función, colaboramos. Colaborar es asociarse a un objetivo compartido para trabajar unidos, inteligentemente bien organizados y alcanzar los objetivos y metas que nos hemos propuesto para bien de muchos.

Un abrazo fraternal, entonces, al inicio de este año escolar, deseando que cada uno/a sienta en lo cotidiano la amorosa bendición de Dios.

Marcelo Mackenney P.

Rector

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